North Africa

Servir a personas que buscan la verdad

March 12, 2020

“Desde el momento en que llegamos al norte de África, la situación espiritual realmente ha cambiado. Hay iglesias en casas en lugares donde antes no había. Hay más interés por el Evangelio entre las personas. La generación más joven está interesada; van en búsqueda de información, quieren saber más”, explica Oliveira* (Brasil), quien sirve en el Medio Oriente desde hace más de 20 años.

Desde la Primavera Árabe que comenzó en 2010, Oliveira se dio cuenta de que las personas en el norte de África tienen menos miedo de hacer preguntas y de buscar respuestas a esas preguntas en Internet. Sin embargo, a pesar del aumento en el número de personas que buscan la verdad y de que hay evidencia del surgimiento de nuevos grupos pequeños de creyentes locales en distintos lugares, la población de cristianos del país es menor al uno porciento

Ganar acceso para las personas.

Como latino, Oliveira dijo que encaja bien en la cultura del norte de África. "La gente no se siente amenazada por mí presencia", nos explica. “Cuando la gente dialoga conmigo, quieren hablar de fútbol, del carnaval, del café". Oliveira quiere hablar de Jesús.

Durante los últimos años, él se ha relacionado con organizaciones en los medios de difusión, se ha reunido personalmente con personas en su país anfitrión que le han solicitado específicamente seguimiento de índole espiritual. "El objetivo es que a medida que forjamos amistades con ellos, ellos nos presenten a otras personas y lo que compartimos con ellos, ellos también puedan compartirlo con otros”, dice Oliveira.

Olivera ha visto este patrón antes. En una ciudad, una mujer se hizo creyente y llevó a dos de sus sobrinas al Señor. En otra ciudad, alguien más decidió seguir a Jesús y lo compartió con varios miembros de su familia, quienes también se hicieron cristianos. "Puede comenzar como algo muy pequeño”, dice Oliveira. "Una vez que una persona que se convierte, la puedes discipular y la puedes alentar y desafiar a compartir lo que cree con las personas que son importantes para él o para ella".

Oliveira y su esposa también pasan tiempo orando y viajando a una región del país que, en lo que se refiere al interés espiritual, se conoce como el “agujero negro”. Allí no hay creyentes profesos ni personas que soliciten de Biblias o cualquier otro tipo de información. El norte de África "tiene una herencia cristiana muy rica," nos comparte Oliveira. “Algunos de los padres de la iglesia vinieron de este lugar en los primeros siglos. Oramos para que Dios reviva el interés espiritual y vuelva a hacer lo que Él hizo en otras épocas”.

Dar toda su vida

Oliveira nació de padres creyentes y creció en la iglesia: “fui a la escuela dominical desde niño hasta que me convertí en adulto. En Brasil, la escuela dominical es para todos”, dice.

A los 16 años, reconoció su necesidad personal de seguir a Jesús. Al leer la Biblia y estudiar la sabiduría que se encuentra en las Escrituras, aceptó a Cristo. "La principal forma en que Dios me habla es a partir de la lectura de Su palabra", nos comparte

Después de convertirse en creyente, alguien lo invitó a una conferencia sobre misiones. "No sabía de qué se trataba porque en mi iglesia nadie hablaba sobre el trabajo misionero", admite Olivera, pero decidió asistir ya que el folleto de la conferencia era muy atractivo.

En la conferencia, Oliveira se sorprendió por las historias que contaban los misioneros. “En mi iglesia, los sermones que escuchaba decían: ‘Lo que sucedió en la Biblia se quedó en la Biblia. Hoy ya no sucede’. Sin embargo, lo que escuché en la conferencia fue que el libro de Hechos todavía sigue sucediendo. Cuando regresé de la conferencia, ya no era el mismo y quise involucrarme de alguna manera".

Oliveira comenzó a asistir a reuniones de oración organizadas por el equipo de OM en Río de Janeiro. En 1980, recibió una invitación para unirse al barco, Logos, como parte de un grupo de capacitación para jóvenes latinos. Después de recibir una licencia sin goce de sueldo de su trabajo, Oliveira viajó para su formación inicial en Argentina. Seis días después, se enteró de que el barco se había hundido.

El grupo decidió continuar el programa en tierra, y Oliveira pasó el siguiente año viajando por Argentina y Brasil, compartiendo el evangelio en radio y televisión, haciendo evangelismo puerta a puerta y participando en capacitaciones de discipulado en iglesias y seminarios. Luego de una presentación en una iglesia, Oliveira se sintió desafiado por el Espíritu Santo: "Desafías a las personas a que den su vida para servir en las misiones, pero tú mismo no lo has hecho".

Para servir en misiones a tiempo completo, Oliveira primero tuvo que convencer a sus padres, especialmente a su madre. "A ella no le gustó la idea en lo absoluto", recuerda. “Ella pensaba que debía seguir trabajando, que era demasiado joven y debía casarme, y muchas cosas más ". También tuvo que renunciar a su trabajo. Su jefe lo alentó a quedarse, e incluso le ofreció uno o dos años adicionales de licencia no remunerada. Pero Oliveira estaba seguro de su decisión: "Firmé los documentos de renuncia a mi empleo y me fui. Luego me uní a OM".

Ministrar a los musulmanes

En una conferencia de misiones en Europa, Oliveira tuvo su primera experiencia con musulmanes cuando conoció a un joven de Marruecos en España. "Sentado en el puerto, compartí el Evangelio con este joven y él realmente aceptó al Señor", rememora. Eso generó en Oliveira un deseo de continuar compartiendo el amor de Dios con personas que nunca habían escuchado el Evangelio.

De regreso en Brasil, trabajó en un centro de capacitación al que los obreros de distintos países solían venir con el propósito de compartir el Evangelio con los estudiantes. "Aunque estaba trabajando en la gestión de la capacitación, muchas veces también participaba de las clases", nos cuenta Oliveira. Mientras escuchaba a las personas contar sus historias, reconoció su creciente interés por aquellas que no tenían acceso al Evangelio, en particular, por los musulmanes.

Oliveira oró durante varios meses y luego decidió ir al norte de África, una decisión que le obligó a aprender primero inglés y luego árabe. Aunque su país anfitrión ha cambiado desde entonces, su propósito sigue siendo el mismo: orar, ministrar a las personas en su idioma nativo, ver a nuevos creyentes formar iglesias en casas e invertir en el discipulado.

* El nombre ha sido modificado